Con respecto a la confirmación de la programación correspondiente al CIMP 2026 El debate relativo a los derechos de los artistas adquiere una relevancia crítica y urgente. Mientras la ley peruana promueve el avance tecnológico, las principales voces institucionales denuncian el uso no autorizado de su huella sonora para entrenar algoritmos.

[Fuente: Collage de Foto tomada por Alejandro Kenneth de la Cruz Reyes e imagen generada por inteligencia artificial]
Tras la confirmación de la agenda del Congreso Internacional de la Industria Musical Peruana (CIMP 2026), el debate sobre los derechos artísticos se vuelve de suma importancia. Pese a que la legislación peruana promueve el avance tecnológico, las principales entidades institucionales denuncian el empleo no autorizado de su huella sonora para la elaboración de algoritmos.
El CIMP 2026 que se realizara el 10 y 11 de noviembre, acaba de confirmarse, lo cual ha traído de nuevo a la mesa una discusión inevitable: la falta de protección de los creadores ante la inteligencia artificial. A pesar de que la alerta suena con más fuerza en el apartado artístico, el evento prioriza a la industria musical. En la actualidad, varias agencias usan plataformas generativas para clonar voces y crear mensajes publicitarios sin el consentimiento previo ni el pago de regalías a los artistas.
A nivel normativo, el estado promulgo la Ley N° 31814, diseñada para impulsar el uso ético y el desarrollo responsable de estas nuevas herramientas en el país. El texto oficial, sin embargo, carece de lineamientos sobre la apropiación de la “huella vocal” de una persona. Esta carencia habilita una zona gris donde el derecho al trabajo y la identidad de los comunicadores quedan vulnerables frente al entretenimiento de redes neuronales.
Para frenar la automatización sin control, la Dirección de Derecho de Autor del Indecopi ya sentó un precedente oficial. La institución rechazo recientemente el registro de tres obras artísticas creadas por algoritmos al dictaminar que toda creación exige indispensablemente la “intervención creativa humana”. Este fallo defiende el factor orgánico, pero no detiene a las empresas que continúan alimentando su software extrayendo audios reales del ecosistema digital.
Mario Jiménez Paz, locutor con trayectoria consolidada y actual voz de América Televisión y docente en el instituto Corriente Alterna, experimenta este riesgo de cerca. “La inteligencia artificial desnaturaliza la voz del locutor y le quita la identidad. Si yo grabo una locución y por ahi utilizan mi voz para otra cosa, voy a saber primero que no di autorización”, advierte. El profesional exige mayor severidad legal y sugiere establecer contratos más estrictos que prohíban explícitamente el uso de voces en plataformas de IA generativa.
Frente a la máquina, la resistencia definitiva radica en la interpretación. Jimenez Paz, quien instruye a nuevas generaciones en Corriente Alterna, es tajante al marcar la diferencia ante el código programado. “Definitivamente, la inteligencia artificial no se va a igualar a la voz de un locutor de una manera natural, nosotros le ponemos sentimiento, pasión, una emoción, y eso hasta el momento es difícil”, asegura. Mientras los gremios intentan organizarse, la inmediatez algorítmica choca inevitablemente contra la expresión humana.
Escrito por Alejandro Kenneth de la Cruz Reyes
