Cinco peruanos fueron rescatados tras reportarse como desaparecidos tras los sismos que sucedieron a 21 y 20 kilómetros de San Felipe y Yumaré respectivamente.

El miércoles 24 de junio, un doblete sísmico, conformado por un primer movimiento telúrico de 7.2 y otro de 7.5 grados de magnitud, azotó el norte de Venezuela. Ambos eventos estuvieron separados por tan solo 39 segundos de diferencia. Se ha reportado un saldo total de 2954 muertos y 41000 desaparecidos. Actualmente, hay más de 16 mil personas que quedaron sin hogar, viviendo en refugios temporales en las ciudades de Caracas y La Guaira. La respuesta por parte del gobierno, ha sido catalogada como ineficiente y lenta por parte de los pobladores.

Para los peruanos, este suceso replanteó una pregunta: ¿podría ocurrir un sismo igual o similar en nuestro país? A diferencia de otros países, el Perú cuenta con una normativa de construcción (norma técnica E.030), la cual ha demostrado tener buenos resultados en casos como el terremoto de Arequipa (2001) y el sismo en Pisco (2007). Sin embargo, según el ingeniero civil, Andrei Domínguez, el principal problema no se encuentra en la norma sino en lograr el cumplimiento de esta. Domínguez explicó que en el país el 70% de las viviendas han sido construidas de manera informal, esto según las estimaciones de Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), siendo respaldada por estudios provenientes de la Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO). El ingeniero también agregó que en un caso donde nuestro país sufra un sismo de magnitud 8,8, cerca del 76% de las construcciones en Lima podría sufrir algún tipo de consecuencia fatal.

En este contexto, la duda ha llegado también a oídos de la política, específicamente del partido. Fuerza Popular, la cual recientemente llegó a la presidencia tras la victoria de Keiko Fujimori en las últimas elecciones nacionales. Según su plan de gobierno, Fujimori plantea fortalecer el sistema nacional de gestión del riesgo de desastres (SINAGERD), mediante el impulso de infraestructuras resilientes y reforzando la necesidad de respuesta ante casos de sismos, inundaciones y otros fenómenos naturales. No obstante, según Dominguez estas medidas solo tendrán impacto si van acompañadas de una buena fiscalización que logre reducir la autoconstrucción y dar una mayor inversión en prevención. “La estructura puede dañarse, pero lo que no puede ocurrir jamás es que colapse”, enfatizó Domínguez al explicar el objetivo de la ingeniería sismorresistente.

A continuación, la entrevista completa con el ingeniero Andrei Domínguez.
Integrantes: Luka Palomino, Vincenzo Boitano y Rodrigo Estrada.
